General Patton
Ya hemos recibido respuesta de nuestro ganador. Nos ha dedicado unas hermosas lineas que no desmerecen en absoluto a la foto. Os mostramos a continuación la foto ganadora y el comentario del autor.

Pasando Revista
Comencé a interesarme por la fotografÃa hace ya algunos años, cuando no tenÃamos una pantalla en la parte posterior de la cámara. Contaba con una antigua Minolta sin apenas automatismos, que sin embargo me sirvió para conocer los primeros conocimientos técnicos y las primeras satisfacciones, conservadas en unas docenas de archivadores llenos de diapositivas de vacaciones, viajes y acontecimientos familiares.
Pero es con la aparición de la fotografÃa digital, con la enorme ventaja que supone la inmediatez de comprobar los resultados, las grandes posibilidades que abren los programas de edición fotográfica, y, sobre todo, la enorme capacidad de superación, inspiración y aprendizaje que ofrece Internet, con la proliferación de foros y páginas de todo tipo en relación a la fotografÃa, cuando el interés se convierte en pasión. Porque a veces, al pulsar el disparador, se produce algo parecido a la magia, y lo que captamos en el sensor de la cámara es mucho más que la imagen que vemos a través del visor. Esa magia es la que busco y pocas veces encuentro.
Tal vez una pequeña porción de esa alquimia se vio atrapada en “Pasando revista”. Y aunque no sea asÃ, de todas formas es una de mis fotografÃas preferidas.
Era una hermosa tarde de finales de marzo, con una temperatura agradable y un cielo perfecto en lo fotográfico. De modo que cuando mi hijo de ocho años me pidió ir al parque con la bici, me colgué la mochila de la cámara. Y enseguida, apenas llegué al Parque del Agua, y siguiendo con la mirada a mi hijo pedalear en la distancia, comprobé que la luz era especialmente fotogénica, esa luz cálida que cualquier libro o manual insisten en remarcar. Tengo al menos una docena de fotografÃas de aquella tarde que me gustan, cosa que me sucede pocas veces.
Siempre en pos de la bicicleta de mi hijo, llegué al embarcadero. El sol comenzaba a ocultarse al otro lado del estanque, justo sobre las cabezas de los patines con forma de cisne. Traté de colocarme de forma que la lÃnea de cisnes dibujaran una diagonal, con el sol en el lugar adecuado según la regla de los tercios, cuando por el rabillo del ojo pude ver que el patito invadÃa mi encuadre. Me dispuse a esperar con paciencia a que saliera de él, para que no me estropease la idea original, pero de pronto lo vi: un pequeño General Patton revisando el estado de sus tropas palmÃpedas. Y disparé, logrando con la ayuda siempre bienvenida de la diosa fortuna, muy útil pero caprichosa en este mundillo fotográfico, una mejor captura que la planeada originalmente. Porque la otra, la pensada en primer lugar, la realicé tan sólo unos minutos más tarde, acaso mejor encuadrada, con la diagonal más marcada, y el reflejo del primer cisne sin cortar. Pero ya no estaba mi General Patton. Pude comprobar, pese a su pequeño tamaño dentro del encuadre, el mucho peso que el patito tenÃa en la fotografÃa.Quiero mencionar a mis amigos Dani, David y Santos, al principio simples nicks en un foro, más tarde compañeros de salidas, fatigas y alegrÃas fotográficas, y ahora amigos. Gracias a ellos he aprendido lo poco que pueda saber de fotografÃa.
Gracias a mi esposa, que me descubrió vuestro concurso, y, sobre todo, por perdonar las horas que le robo a nuestra relación familiar mirando por el visor de una cámara y sentado ante la pantalla de un ordenador.Y gracias a vosotros, amigos de Saucépolis, por haber valorado mi trabajo. Os podéis imaginar mi gran alegrÃa, siendo además la primera vez que me presento a un concurso.
Un saludo.


