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noviembre 27th, 2009
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Fiel compañera en las largas noches de soledad, ventana de conocimiento, entretenimiento o información, íntima confidente que despierta emociones, risas, incertidumbres e incluso lágrimas. Hubo un tiempo en que la gente se reunía en torno a la radio. Hubo un tiempo en el que Orson Welles estremeció a un país con su Guerra de los Mundos, muchos creyeron que todo aquello era cierto. Hubo un tiempo en el que la radio encumbraba a las estrellas de la música. Pero el video mató a la estrella de la radio (Y Youtube lleva camino de acabar con la MTV), y la radio no es hoy un fenómeno de masas sino un medio íntimo. No es capaz hoy en día de estremecer a todo un país, pero si  a un puñado de oyentes sensibles, sin necesidad de creer que lo que nos cuentan es cierto. Y ya no encumbra a las estrellas de la música, es un reducto de rarezas o de música de otras décadas.

Aquellos que veneramos la soledad, necesitamos no obstante en ocasiones una leve compañía. Amamos la radio, que es nuestra particular forma de serle infiel a nuestra adorada soledad. El vínculo que se establece entre oyente y locutor tiene algo de mágico. Y cuando en Saucépolis, a altas horas de la madrugada se escucha el leve susurro de un transistor junto al, probablemente, único saucepolita despierto a esas horas, ese habitante de saucepolis no está sólo, está acompañado, pero sólo lo justo, acompañado por el embrujo de las ondas.

Puedo recordar un buen puñado de excelentes programas que me han acompañado a lo largo de todos estos años. La oferta radiofónica nocturna es peculiar y eterogenea. Algunos de esos programas aún pueden escucharse, otros fueron retirados, pero todos permanecen en mi memoria con momentos gloriosos que recordaré siempre. Plástico y Decibelios, con el gran Julián Ruiz es un reducto de buena música en el desolador panorama actual. Los Lechones de Gomaespuma tuvieron la genial idea de reponer de madrugada su programa matinal. Se escuchaba en aquel tiempo en Saucépolis carcajadas a deshora que podríamos denominar. Aún funciona a buen nivel la Rosa de los Vientos, pero ya no con su creador, Juan Luis Cebrián, que nos dejó huerfanos hace ya demasiado tiempo. Eran divertidísimas las discusiones de Carlos Pumares en Lluvia de Estrellas, cuando un oyente discrepaba de sus críticas cinematográficas u osaba defender que la tortilla de patatas sabe mejor con cebolla. Deberíamos preguntar a Pili al respecto. Los relatos, siempre sospechosos, alguna vez ciertos y muchas veces deliciosamente inventados de Hablar por Hablar, son otro de los clásicos de la noche. Milenio 3 o Espacio en blanco no abrían las puertas del misterio. Son una gran opción para no dormirse, pero no tanto para estar sólo de madrugada.

La sonrisa del jugón

La sonrisa del jugón

Y una mención especial merece el deporte en la radio. Jamás un gol será tan bello en realidad como contado por un locutor de radio. Retrasmisiones de partidos, tertulias futbolísticas, debates, entrevistas… todo un mundo al rededor del deporte que supera muchas veces el espectáculo propiamente dicho. Yo siempre fuí seguidor de Supergarcía, un innovador mil veces imitado. Y junto a García conocí a un locutor que ha sido el mas grande de la historia de este país. Nos dejó recientemente, y aunque fué en la televisión donde adquirió fama y reconocimiento, comenzó en la radio, cuyo estilo nunca abandonó. Nos dejó, y siempre lo recordaremos. Nunca dejaremos de preguntarnos por qué. Por qué todos los jugones sonríen igual

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