Entradas para la etiqueta ‘noche’

septiembre 11th, 2009
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Fue una de esas cortas noches de verano. Una leve brisa aliviaba las ardientes aceras de esta ciudad tras una infernal jornada de calor sofocante. El cielo estaba claro, transparente, y sin luna. Las estrellas amenazaban con caerse del cielo con un fulgor tan maravilloso que sobrecogía. En Saucépolis reinaba una quietud extraña en estas bulliciosas noches de verano. No había paseantes degustando helados, ni enamorados besandose furtivos tras la esquina. No había huespedes trasnochadores esta extraña noche de verano.

La noche se prometía tranquila, pero la falsa promesa no tardaría en desvelarse. Desvelado andaba yo, según mi costumbre y obligación, pero lo que a continuación vería no fue fruto de la vigilia ni del desvelo. Tampoco un delirio, doy fe. tal vez un sueño lúcido propio de quien mucho piensa y poco cuenta, y a fuerza de pensar pierde la razón y el juicio.

Admirado estaba yo en las puertas de Saucépolis por la belleza de esta noche y su silencio, cuando precisamente un ruido me hizo entrar. Había movimiento en el bar, pero nadie estaba tras la barra. las puertas de la cámara se abrían con desigual ritmo, pero ninguna mano tocaba las puertas. Sorprendido por el enigmático trajín me decidí a acercarme, para descubrir incrédulo que mi primera impresión había sido certera.

La cafetera, ya caliente, dispensaba un cremoso café sólo. El exprimidor daba buena cuenta de las naranjas alineadas a su lado. La tostadora preparaba unas crujientes rebanadas. La repostería abandonaba su reposo en las profundidares de las refrigeradoras para, levitando, situarse en la mejor mesa de la cafetería. Un suculento desayuno estaba siendo preparado, pero nadie parecía estar haciendolo. Y yo, absorto, no podía sino mirar con la sonrisa complacida de quien ve realizar un trabajo bien hecho.

Es paradójico cómo en medio de semejante prodigio, obra de duendes o brujas, lo que mas me sorprendió fué que a ese desayuno le faltaba la tortilla de patatas. Pero es que incluso los duendes y las brujas saben que hay cosas que ni la magia puede superar, y la tortilla de Pili es una de ellas.

Una figura entró en la cafetría con aire altivo, no sabría decir si era real o eterea, pero sin duda era educada. Saludó con una leve reverencia y sentóse a la mesa para desayunarse con el tremendo festín. Yo respondí al saludo, y por primera vez me dí cuenta de lo extraordinario de la situación. El teléfono me sacó de mi asombro, y con instintiva premura acudí a contestar. Nadie había tras el hilo telefónico, pero al mirar de nuevo a la cafetería, ni resto de la escena que acababa de presenciar quedaba allí. Nuestro extraño huesped se había esfumado, y con el todo su desayuno. La cocina estaba limpia y ordenada, y sólo un ligero aroma a café y a pan tostado recordaban lo que allí acababa de suceder.

Nunca sabré el origen de estos sucesos, tal vez un día nuestro extraño amigo regrese para saciar su apetito, pero se que no dormía, se que no fue el sueño de una noche de verano, tal vez fué el desvarío de quien mucho piensa y poco cuenta, y a fuerza de mucho pensar y poco contar viene a perder la razón y el juicio.

julio 2nd, 2009
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Cuenta la leyenda que en el reino de los girasoles nació un ser extraño, distinto a los demás. Sus pétalos no eran amarillos sino blancos. Aborrecía el sol y adoraba la luna. Bajaba su flor de día huyendo de la luz, y se erguía orgulloso antes del albor. Por sus costumbres noctámbulas a este extraño girasol le llamaron Giraluna. Por ser distinto, por comportarse de manera diferente fue denostado, perseguido y obligado a huír. Y según esta leyenda, el Giraluna continúa danzando al ritmo de la luna por los campos de girasoles, oculto en la oscuridad de la noche.

Todos aquellos que por elección propia o por las circunstancias vivimos mas de noche que de día nos hemos identificado alguna vez con el Giraluna. Vivir a contracorriente no es facil, y la incomprensión de los demás acaba por hacer mella en muchos de nosotros. Pero aquellos que somos noctámbulos natos, aquellos que dormimos de día por propia naturaleza, somos capaces de disfrutar de los pequeños y deliciosos placeres que la oscuridad, la luna, la soledad y la noche nos proporciona.

El llanto de un bebé me saca de estos pensamientos. Es noche cerrada en Saucépolis, y tras el llanto llega el ascensor. Un huesped somnoliento, en pijama y con un biberón en la mano me pide un microhondas. La cara de resignación sugiere que no es la primera noche en vela para este padre. No puedo sino sonreir. Es poco probable que el biberón calme a la criatura. Un pequeño giraluna habita esta noche entre los muros de Saucepolis.

El desdichado progenitor sube con su biberón tibio, el pequeño giraluna sigue llorando, no quiere dormir. Y yo tecleo este escrito mientras sonrio. Hay un pequeño giraluna entre nosotros, y al menos ya somos dos…

junio 1st, 2009
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Cuando el susurro se torna estruendo y el murmullo parece alboroto, es que estamos escuchando los sonidos del silencio.

De madrugada, mientras la ciudad duerme, el silencio se apodera las calles. Se extiende como una niebla densa. Pero es un dominio frágil. El canto de un grillo, una persiana que se cierra, el motor de un inoportuno vehículo que circula a deshoras son capaces de romper tan maravillosa quietud.

Hay sonidos que pasan desapercibidos durante el día, pero que cuando cae la noche y sólo los noctámbulos permanecemos en vigilia se hacen presentes de un modo abrumador. Es sorprendente como hay quien es capaz de dormirse en la incomoda butaca de un autobus abarrotado, y muchos se desvelan con un simple grifo que gotea.

El universo de sonidos de la noche en Saucepolis no conoce límites. La mayoría son conocidos. Una cámara comienza a funcionar y emite un rumor característico. La bomba de agua se activa y ruge dutrante unos segundos. Una cisterna se vacía y las tuberías se retuercen de un modo inquietante. La barandilla de metal cruje, Dios sabrá por qué.

Pero a veces un sonido me sorprende. Un portazo de madrugada me sobresalta, pero nadie baja por el ascensor. Tal vez un insomne aburrido patrulla los pasillos para encontrar a Morfeo, me digo. Quizás el encuentro furtivo de dos de nuestros huespedes que se conocieron en el desayuno, imagino. O tal vez la puerta corresponda a un baño y no tarde en oír la cisterna. Quién sabe. Sólo es un portazo.

No suena cisterna alguna, pero la barandilla de metal cruje, Dios sabrá por qué, y se lleva mis pensamientos a otro lado. Siempre hay algo que hacer en Saucepolis, y los sonidos del silencio me harán compañía en el proceso.

mayo 12th, 2009
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imagen-002Existe un momento mágico en el que la noche aún no es día, y el día todavía es noche. En ese confuso momento el cielo se tiñe de azúl eléctrico. A esa hora las nieblas son mas densas, las heladas mas severas y el viento sopla mas fuerte. A esa hora Saucepolis huele a café y a tortilla de patatas.

Al alba, madrugadores y trasnochadores coinciden por un instante. En ese instante coinciden a las puertas de Saucepolis. Coinciden y se miran. Buenas noches, dice uno. Buenos días contesta el otro. Como cigarra y hormiga, nuestro pequeño crápula baja la mirada, con reparo. Nuestro aplicado madrugador, en cambio, mira altivo…con cierta envidia. Envidia del cálido lecho que espera a su fugaz compañero,  y envidia tal vez también de las aventuras que habrá vivido mientras él dormía, aún demasiado poco tiempo.

Uno sube, otro se va. Pili en los fogones, el que esto escribe en la recepción. La ciudad despierta, la magia se esfuma…

Amanecer azul eléctrico en Saucepolis.

abril 23rd, 2009
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Un saludo desde las profundidades de la noche a los habitantes de Saucépolis. Este ministro sin ministerio se presenta para ser el cronista de las noches saucianas. Que nadie se ponga nervioso, sobre todo aquellos a quienes la noche les confunde, la discreción será una de nuestras premisas. Anecdotas, ocurrencias y curiosidades, eventos y acontecimientos de interés para este humilde heraldo de la noche, serán la esencia de estos escritos dirigidos a insomnes y curiosos, y a toda la fauna saucepolita.

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