Crónicas nocturnas II: Los sonidos del silencio
junio 1st, 2009
Cuando el susurro se torna estruendo y el murmullo parece alboroto, es que estamos escuchando los sonidos del silencio.
De madrugada, mientras la ciudad duerme, el silencio se apodera las calles. Se extiende como una niebla densa. Pero es un dominio frágil. El canto de un grillo, una persiana que se cierra, el motor de un inoportuno vehÃculo que circula a deshoras son capaces de romper tan maravillosa quietud.
Hay sonidos que pasan desapercibidos durante el dÃa, pero que cuando cae la noche y sólo los noctámbulos permanecemos en vigilia se hacen presentes de un modo abrumador. Es sorprendente como hay quien es capaz de dormirse en la incomoda butaca de un autobus abarrotado, y muchos se desvelan con un simple grifo que gotea.
El universo de sonidos de la noche en Saucepolis no conoce lÃmites. La mayorÃa son conocidos. Una cámara comienza a funcionar y emite un rumor caracterÃstico. La bomba de agua se activa y ruge dutrante unos segundos. Una cisterna se vacÃa y las tuberÃas se retuercen de un modo inquietante. La barandilla de metal cruje, Dios sabrá por qué.
Pero a veces un sonido me sorprende. Un portazo de madrugada me sobresalta, pero nadie baja por el ascensor. Tal vez un insomne aburrido patrulla los pasillos para encontrar a Morfeo, me digo. Quizás el encuentro furtivo de dos de nuestros huespedes que se conocieron en el desayuno, imagino. O tal vez la puerta corresponda a un baño y no tarde en oÃr la cisterna. Quién sabe. Sólo es un portazo.
No suena cisterna alguna, pero la barandilla de metal cruje, Dios sabrá por qué, y se lleva mis pensamientos a otro lado. Siempre hay algo que hacer en Saucepolis, y los sonidos del silencio me harán compañÃa en el proceso.

